olió el humo y salió corriendo con un balde de agua. “¡Vamos, rápido! ¡Podemos apagarlo!” gritó a los vecinos. La gente lo siguió, confiando en su instinto.
Pero el pánico ya se había contagiado. Siguiendo a Rápido, la mayoría corrió hacia las llamas con baldes y mantas. Despacio intentó explicar sus cálculos, pero nadie escuchaba. “¡No hay tiempo para pensar!” , le gritaron.
“¿Qué dicen los números, Despacio?” El pensamiento rápido nos ayuda a sobrevivir el presente, pero el pensamiento lento nos ayuda a no destruir el futuro. Saber alternar entre ambos es la verdadera inteligencia.