Los pollitos se organizaron como pudieron. Usaron ligas como resorteras, cucharas como palancas y un viejo mapa de la ruta del camión repartidor que dibujaron en una servilleta. Cavaron un túnel debajo del gallinero (con la ayuda involuntaria de un topo miope) y fabricaron un globo aerostático con bolsas de basura y el aliento de doña Pepa, que era muy caliente por tantos chiles que comía.
El pánico estalló entre los más pequeños. Corridas, piadas de terror, plumas volando. Pollitos en fuga- El origen de los nuggets
Y les mostró un folleto arrugado que había picoteado de la basura. En la portada, un pollito sonriente entraba voluntariamente a una máquina. Adentro, diagramas mostraban: Selección, triturado, empanizado, fritura . Al final: una cajita feliz. Los pollitos se organizaron como pudieron
—¡Nos van a convertir en cuadritos!
—No importa si algún día nos convierten en nuggets —dijo, mientras miraba las luces de la ciudad—. Lo importante es que, mientras tengamos alas… aunque no vuelen mucho… siempre podremos elegir hacia dónde correr. El pánico estalló entre los más pequeños
Al amanecer, agotados y cubiertos de tierra, los pollitos llegaron a la ciudad. No sabían a dónde ir, pero encontraron refugio en una azotea abandonada, llena de macetas y una gallina punk que tocaba la batería con picos de botella.
Nadie supo responder. Pero esa noche, la vieja Gallina Sabia (llamada así porque había sobrevivido a tres intentos de sopa) reunió a todos en el establo.